lunes, 19 de diciembre de 2016

El despertar de la señorita Prim, de Natalia Sanmartín Fenollera

Reseña de Patricia López Garrido.

Fue la tarea del mes de diciembre del Club de Lectura Parla Este la que me condujo hasta El despertar de la señorita Prim, de Natalia Samartín Fenollera. Lo cierto es que me costó empezar pero los buenos comentarios que iban dejando mis compañeras en el grupo de Whatsapp que compartimos, me animaron: iba a encontrar “algo” en las páginas de ese libro. Y la verdad es que así fue.

Prudencia Prim es una mujer “hipertitulada”, segura de sí misma, independiente y autosuficiente. Un día responde a un anuncio de trabajo que dice lo siguiente: “Se busca espíritu femenino en absoluto subyugado por el mundo. Capaz de ejercer de bibliotecaria para un caballero y sus libros. Con facilidad para convivir con perros y niños. Mejor sin experiencia laboral. Abstenerse tituladas superiores y posgraduadas”.

A pesar de que en el anuncio de empleo se pide a alguien con poca formación y experiencia, la señorita Prim se presenta al puesto y lo consigue. La biblioteca en la que ha de trabajar está situada en una casa particular en un pueblo llamado San Ireneo, que es el protagonista absoluto de esta novela.

San Ireneo es una comunidad compuesta de personas que han llegado allí huyendo de la sociedad que rige el ritmo del mundo. Es gente que huye de los horarios, de los convencionalismos sociales, de la hipertitulación sin razones. Ellos abogan más por la conciliación, el tiempo, la educación de los niños en la familia… El papel de las mujeres tiene un peso primordial, como también la reflexión sobre el matrimonio.

En este ambiente de pueblo pequeño, idílico y utópico, Prudencia Prim empieza a descubrir facetas de la vida en las que antes no se había parado a pensar o simplemente rechazaba. Pero, cuando conoce a Hortensia Oeillet, a Herminia Treumont, a Virginia Pille o a Horacio Delàs, por nombrar algunos, la señorita Prim reflexiona sobre ese nuevo estilo de vida al que ha llegado por casualidad y con el que, sorprendentemente, comienza a compartir algunas cosas.

Lo cierto es que empecé a disfrutar del libro un poco antes de la mitad. Cuando conoces el pueblo, casi que te dan ganas de irte a vivir allí: sus jornadas reducidas, esa manera de educar a los niños, todo el día con el café, el té y los dulces… Sin embargo, en el libro hay mucha reflexión que no llega a ninguna parte, muchos diálogos crípticos y es algo enrevesado. A mi modo de ver, no es necesario dar tantas vueltas a las cosas, aunque parece ser que tanto en esta sociedad en la que vivimos como en San Ireneo, dar vueltas a las cosas importantes es una constante.

La novela tiene algunos toques de realismo mágico e incluso se me vinieron a la mente otros libros que había leído anteriormente como Belfondo, de Jenn Díaz y El regalo, de Eloy Moreno. Tiene pasajes muy bonitos, reflexiones estupendas y propuestas mucho mejores que la de acabar la jornada a las 6 de la tarde. Aun así, a pesar de que mi primera impresión al terminar es que había encontrado un libro muy interesante, esta sensación se ha ido deshinchando con los días. Demasiadas vueltas, demasiada utopía para hablar de lo mismo que nos preocupa a todos, aquí o en San Ireneo, y un final que deja todo un poco en el aire.

lunes, 28 de noviembre de 2016

Todas las familias son psicóticas, de Douglas Coupland

Reseña de Patricia López Garrido.


El pasado mes de octubre, en la última reunión del Club de Lectura Parla Este, escogimos dos libros para la siguiente quedada: La librería ambulante, de Christopher Morley, novela directa a mi top ten 2016 de la que os hablé hace unos días, y Todas las familias son psicóticas, de Douglas Coupland, de la que os vengo a hablar hoy.

Os puedo resumir mi opinión en cuatro palabras: dos elecciones, dos aciertos. Cada una en su estilo, eso sí. La librería ambulante me conquistó por lo que ya os comenté del libro sobre libros y la venta nómada mientras que con Todas las familias son psicóticas me he enamorado de los personajes y de la historia llevada al extremo que cuenta. Si pensáis que vuestra familia es peculiar (y más ahora que se acerca la Navidad), tenéis razón, pero, tenéis que leer las aventuras y desventuras de la familia Drummond para comprobar que donde lo hay malo lo hay peor.

Sarah Drummond es la mediana de los tres hijos de Janet y Ted Drummond. Padece secuelas por talidomida, un medicamento para las náuseas que le recetaron a su madre cuando estaba embarazada y que provocó que naciese sin una mano. El caso es que Sarah trabaja para la NASA y va a participar en un lanzamiento al espacio y, para la ocasión, ha querido reunir a toda su familia para que la acompañe.

La familia está compuesta por Ted y Janet, sus padres, divorciados desde hace unos años; Wade, el hermano mayor, junto a su mujer embarazada, Beth; Bryan, el hermano pequeño, y su novia también embarazada Shw; Nickie, la actual esposa de Ted, Nickie; y Howie, el marido de Sarah.

Hasta ahí, todo normal. Una familia corriente dentro de la sociedad occidental actual… hasta que empezamos a profundizar en las entrañas de todo el entramado y descubrimos que Wade está enfermo de sida después de unos años de los que casi no quiere hablar; él mismo infectó a Janet y Nickie de esta manera: de vuelta a casa en un bar conoció a una rubia despampanante y se lio con ella. Después, fue a visitar a su padre, con el que tiene una relación horrorosa y, cuando este le va a presentar a su nueva mujer, Wade se da cuenta de que ¡es la misma rubia despampanante con la que se acaba de acostar!

A pesar de que sale por patas de la casa de su padre, este le persigue hasta la casa de Janet, donde Wade se ha refugiado. Ted dispara contra Wade y la bala que le roza acaba en el esternón de su madre, quien sobrevive al episodio pero se contagia de sida, al igual que Nickie después de su rollo con Wade. Y, por si os lo preguntáis, nadie denuncia a Ted.

Esto pasa tiempo antes de que todos se den cita en Orlando para apoyar a Sarah en su misión, aunque lo que pasa en el tiempo en que están aquí concentrados también supera con creces el surrealismo más absoluto. Primero, Wade, Ted y Bryan, en la bancarrota más absoluta, aprovechan que están en Orlando para hacer unos negocios un tanto irregulares con un antiguo amigo de Wade. A la vez, se desenmaraña una trama de presuntos traficantes de bebés en la que juegan un papel importante otros integrantes de la familia.

Entre todo este lío, los Drummond van limando asperezas y resolviendo situaciones enquistadas, eso sí, algunos con más atino que otros. Por ejemplo, una de las escenas magistrales del libro (por cierto que los diálogos en este libro son increíbles) se produce entre Janet y Ted. Con tan solo una conversación y tras haber reposado con tiempo lo que ha pasado a lo largo de sus vidas, son capaces de hablar de una manera lúcida (especialmente Janet) acerca de su relación. Me parece simplemente espléndido.

Todas las familias son psicóticas me ha recordado por unas cosas a La familia Fang, de Kevin Wilson y por otras a La conjura de los necios, de John Kennedy Toole. Tiene una parte de familia excéntrica llevada al extremo y otra de situaciones surrealistas que llegan a generar un sentimiento de compasión por cómo han gestionado esas personas su vida.

Capítulo aparte merece la madre, Janet, el centro de la familia y pilar fundamental, una mujer que cree que su vida no ha sido para tanto pero que demuestra con sus acciones continuamente la gran mujer que fue y que es. Es mi personaje favorito, sin duda alguna, y me recuerda a otro personaje con el que me emocioné sobre manera, Amalia, la protagonista de la novela de Alejandro Palomas, Una madre.

domingo, 27 de noviembre de 2016

La librería ambulante, de Christopher Morley

Reseña de Patricia López Garrido.

Para los amantes de la literatura, los libros de libros y de librerías casi siempre suelen ser una delicia. Desde luego, La librería ambulante, de Christopher Morley, lo es y, si a eso le sumamos el encanto que desprende vender libros por el mundo como un alma libre, pues multiplícalo por dos.

Helen McGill es una mujer de cerca de cuarenta años que se libró de su destino de institutriz gracias a que ella y su hermano, Andrew, pusieron en marcha una granja ubicada en una zona rural del estado de Nueva York. La estabilidad de Helen se tambalea cuando Andrew escribe un libro que, para su sorpresa, se convierte en todo un éxito. A partir de entonces es Helen quien tiene que lidiar con los quehaceres diarios prácticamente sola y soportar que su hermano se ausente durante largos periodos de tiempo para recopilar datos y hacer trabajo de campo para sus libros.

Por eso, el día en que el profesor Roger Mifflin se presenta en la granja con la intención de venderle a Andrew El Parnaso, una librería ambulante dispuesta en un carro tirado por un caballo, Helen decide ser ella misma quien la compre para evitar que su hermano vuelva a dejarla sola y se embarque en una de sus nuevas aventuras.

Sin embargo, tras realizar el trato, Helen le da vueltas a un asunto: además de haber comprado El Parnaso para que Andrew no se marche, es hora de que ella se tome unas merecidas vacaciones después de quince años de entrega total a la granja y a su hermano.

Y así es como emprende su propia aventura, guiada en los primeros momentos por la experiencia del profesor Mifflin, que lleva años dirigiendo El Parnaso. Helen y Roger comparten unos cuantos días de travesía llevando libros a las granjas de la América más rural. Él pone en práctica todas sus técnicas, su entusiasmo y su sabiduría  y ella, como nueva propietaria, se deja contagiar y aprende para poder continuar sola su periplo.

Tras varios incidentes, ventas, sitios y encuentros con gente que ama los libros y otros que algo menos, el profesor se debe marchar para coger un tren rumbo a Brooklyn y trabajar en su sueño, escribir un libro propio. Pero entonces, algo inesperado (o tal vez no) surge en su camino.

En este libro los protagonistas son los libros, y hay un gran número de referencias y citas. Pero, si por algo lo voy a elevar al top ten de mi lista de 2016 es porque en esta historia de las que me gustan en las que hay una persona que cambia de estilo de vida y emprende una aventura que, para más deleite mío, es una aventura con libros, y en itinerancia. Amantes de los libros y de los viajes, ¿qué más se puede pedir?

lunes, 5 de septiembre de 2016

Un monstruo viene a verme, de Patrick Ness

Reseña de Patricia López Garrido.

El sábado 3 de septiembre comenzamos nueva temporada en el Club de Lectura de Parla Este, y ya van tres. Me hacía falta encarrilar mis lecturas tras un verano de cierta sequía y cambiar de temática. Y fue así como se me presentó el libro que reseño hoy.

A pesar de que no estaría entre mis favoritos principalmente por el género (juvenil, fantasía), Un monstruo viene a verme, de Patrick Ness, me ha parecido un cuento fluido, entretenido y con una historia reveladora: “Las historias son lo más salvaje de todo […] Las historias persiguen y muerden y cazan”.

Conor es un chico de 13 años que, desde que su madre cayó enferma, tiene una pesadilla recurrente de la que huye. Pero el tejo que ve desde su ventana reencarnado en monstruo empieza a aparecérsele un buen día a las 00:07 y le previene: Conor, yo te voy a contar tres historias y, cuando acabe, tú me contarás la tuya, la verdad.

Conor no cree tener nada interesante que contar. Desde que su madre está enferma no tiene contacto con casi nadie, los chicos del colegio se meten con él, los profesores lo compadecen, su padre ha rehecho su vida con una nueva familia y su abuela no es la típica afable de los cuentos.

Pero el monstruo insiste. Progresivamente, se le va apareciendo y contando historias que parecen tener un final y después tienen otro, o los dos a la vez. “Las historias eran criaturas salvajes, muy salvajes, y salían disparadas en la dirección que menos esperabas”.

Y, llegada la hora de la verdad, Conor se ve en la tesitura de pronunciar unas palabras que nunca en la vida hubiera querido pronunciar, pero que ha pensado, y que tienen que ver con la pesadilla recurrente que le atormenta. “¿Cómo pueden ser las dos cosas a la vez? […] Porque los humanos son animales complicados”.

Además de la trama de Conor con el monstruo, hay tramas paralelas en el colegio, con su abuela y con su padre que tendrán un hilo común. No merece la pena desvelar nada más en la reseña, aunque parezca un jeroglífico, porque todo se resuelve en las últimas páginas del libro. Lo que sí me parece interesante es que en todo momento te pongas en el lugar de Conor e intentes pensar, según avanza el libro, en la verdad que le puede llegar a atormentar de esa manera.

El libro está escrito de una forma sencilla y narrado como un cuento. Mezcla realidad y ficción y queda en manos del lector, a través de las pistas que ofrece el narrador, la interpretación. Es bastante corto y se lee rápido. Puede ser un buen libro para cerrar una etapa y abrir otra distinta, como me ha pasado a mí. Espero que disfrutéis de él como lo he hecho yo después de una temporada en la que me costaba horrores concentrarme en la lectura.

viernes, 19 de agosto de 2016

Claus y Lucas, Agota Kristoff

Reseña escrita por Johan R. Wilbur.

A lo mejor es cierto, tengo debilidad por los libros tristes o chocantes. Quizás sea por eso que, El gran cuaderno, la primera novela que leí de Agota Kristof, me pareció sencillamente magistral. Al principio pensé que era porque la tristeza que me provocó no la había experimentado desde que leí La carretera, de Cormac McCarthy, pero también sabía que había algo más en la historia de los gemelos.

Indagué y releí una mil veces algunas partes y llegué a una conclusión. Kristof era una maestra en una cosa, en pegarte de hostias a base de no rellenar innecesariamente. Cada capítulo no tiene más extensión que unas cuantas páginas. La manera de narrar es directa y sin florituras literarias superfluas. La crueldad existe. El realismo existe. Los diálogos existen. La violencia… Todo está ahí, a base de frases lapidarias y situaciones que, a priori, pueden resultar demasiado chocantes, pero que en el contexto están implementadas tan “a tiempo”, nada resalta demasiado e, igualmente, te dejan como si te arrollara un tren.

Veamos cómo enfoco esta reseña sin repetirme.

La historia completa de Claus y Lucas la forman tres novelas:
  • El gran cuaderno
  • La prueba
  • La tercera mentira
Y luego, tenemos los tres libros recopilados en una edición estupenda titulada simplemente Claus y Lucas, por la editorial El aleph, que aún podréis encontrar en las librerías.

El primero de ellos es el que nos ocupa. En El gran cuaderno, nos encontramos el diario que día a día van escribiendo Claus y Lucas, una pareja de gemelos a los que su madre quiere librar de los horrores de la guerra a la que está sometida la ciudad, llevándolos a casa de su abuela, que vive en las afueras sola, y que estén a salvo. Al llegar conocemos a la abuela, una señora avara, déspota y desagradable como ella sola, la cual no quiere saber nada de ellos y que solo accede a quedarse con los niños por un pago y con la promesa de que le ayuden a trabajar. Poco a poco los niños se irán recrudeciendo, en parte debido al exterior y en parte porque, en fin, realmente solo se tienen el uno al otro y eso de la soledad unido a vivir con su alrededor en guerra pues no les hace mucho bien que digamos.

Esto sería a grandes rasgos el argumento.

Podría hablar de la enorme diferencia entre la primera parte y las dos restantes que componen la trilogía, pero sería meterme a contar demasiado ya. Así que intentaré no extenderme y solo diré que me provocó (y a día de hoy todavía me provoca) dudas.

Dudas porque no sé si pensar si el tiempo transcurrido entre una parte y otra tuvo que ver en las decisiones y las transformaciones radicales que va sufriendo la historia de los dos gemelos desde el principio al final, o si por el contrario ya desde el principio tenía pensado cada giro y pasaje de los que vamos viviendo con los personajes.

Sobre todo dudo porque el primero como historia autoconclusiva y el formato me parece muy bien hilado y cerrado, pero al empezar el segundo enseguida ves un cambio de tono y dudas y un par de cosas que parece que vayan a quedarse sin resolver. Y luego ya la tercera parte es aún más confusa y ya como no releas un par de veces es fácil caer en la confusión o el confundir unos personajes con otros.

Cabe añadir que esta última parte, pese a desenvolverse de forma bastante notable hay veces que te dan ganas de hacerte un esquema con fotos o algo así para aclararte con los detalles más nimios y me acabó corroyendo el no entender si esa fue la intención o si es que simplemente cometió errores. Pero bueno, a nivel personal me dejó una sensación muy confusamente satisfactoria (toma ya) al terminar.

En resumen, El gran cuaderno me parece una novela increíble. Con giros de guión y situaciones incómodas a montones. Con un estilo escueto y parco en detalles, pero que no necesita adorno alguno. Con unos protagonistas que van cambiando de principio a fin y un final al que llegas con tantos palos en la espalda a cuestas que acaba resultando tan devastador como la misma guerra en la que se ambienta toda la historia. Imprescindible, siempre y cuando como lector aguantemos los momentos más duros de la misma.

A destacar: Leer la trilogía entera y no quedarte solo con la primera parte. Es una historia dura, sin concesiones ni esperanzas ni respiro alguno. Un acumular de desazón y de desamparo. Una crueldad realista y llena de situaciones de las que no quieres dejar de leer pese a que a veces te den ganas de apartar la mirada.

Historia de una maestra, de Josefina Aldecoa

Reseña escrita por Patricia López Garrido.

Tan pronto, y ya he encontrado uno de los que, sin duda, serán mis libros favoritos de 2016. Lo supe enseguida por dos cosas. Primero, porque he leído mucho acerca de la Guerra Civil y también de la Posguerra, pero muy poco de los años previos, los que corresponden a la Segunda República Española. Segundo, porque aunque soy periodista, mi vocación frustrada es la de maestra y muchos de los valores relacionados con la educación de los que se hablan en las páginas de Historia de una maestra, de Josefina Aldecoa, son los míos propios.

Gabriela es una muchacha de un pueblo de Castilla que ha estudiado para maestra en la Escuela Normal. Con la ilusión propia de los jóvenes, la fuerza, las ganas y una fe enorme en la educación, inicia su vida laboral en diversos pueblos rurales de España en los que encuentra pobreza, marginación y pocos recursos, pero niños y adultos en su mayor parte dispuestos a aceptarla y a aprender.

Uno de los episodios más bonitos del libro sucede una vez Gabriela ha aprobado las oposiciones y puede elegir libremente una plaza para ejercer su profesión. “Los niños eran todos negros. La mía era la escuela nacional y gratuita y sólo los negros la frecuentaban. Todos dijeron que estaba loca cuando la elegí. Yo tenía 24 años y afán de aventuras”. Efectivamente, en esta época, Guinea Ecuatorial era una colonia española y es a este lugar a donde Gabriela decide marcharse y donde vive esa experiencia que recuerda luego a lo largo de toda su vida (me he acordado un poco de Palmeras en la nieve, de Luz Gabás :)

Pero esta época termina y Gabriela regresa a España. Corren los primeros años de la década de los 30 y, como se espera de ella, se casa con un maestro. Juntos emprenderán una nueva etapa en la que serán los encargados de llevar los colegios de dos pueblos muy próximos. “Ya saben hablar, me decía. Han aprendido a expresar lo que piensan”.

Para entonces, los movimientos republicanos, muy apoyados en la educación, comienzan a revolotear hasta que se proclama la Segunda República el 14 de abril de 1931, justo cuando nace la hija de Gabriela y Ezequiel, Juana. “Lo primero la educación, don Ezequiel, la educación y la cultura para ser capaces de sacar el país adelante”.

A partir de aquí, y asentados en un nuevo pueblo, minero, el matrimonio se erige como parte importante de los cabecillas que defienden los valores de la República. “Digo yo, señora maestra, que si todos supiéramos más de libros y menos de tabernas, nos engañarían menos y seríamos más felices”. Pero Gabriela, absorbida en gran parte por la maternidad y su trabajo en la escuela, va descolgándose de los vaivenes de su marido.

Historia de una maestra es un libro de esos que dejan huella profunda. Por lo menos a mí, que tengo tanta fe en la educación como elemento para resolver los problemas sociales que más nos acechan. Pero, además, es capaz de contagiarte el entusiasmo de todos aquellos que lucharon por conquistar un sueño, pero no un sueño particular, sino uno colectivo, y tampoco un sueño material, como los que solemos tener hoy en día, sino uno en el que el conocimiento es la llave del progreso.

Desde luego, me quedo con todas esas frases que he ido intercalando en la reseña porque son un síntoma de la importancia que tiene la educación para un país, a pesar de que aún no hemos resuelto el problema, incluso habiendo pasado nada menos que más de 80 años de aquellos tiempos.

martes, 3 de mayo de 2016

Estupor y temblores, de Amélie Nothomb

Reseña de Patricia López Garrido.

Vuelvo para reseñar un libro que elegimos para la reunión de este mes del Club de Lectura. Se trata de Estupor y temblores, una novela de la que la misma autora, Amélie Nothomb, dijo que era autobiográfica, y que cuenta la historia de una joven occidental (belga, para más señas) que consigue un empleo en una importante compañía nipona en Tokio.

Lo que sigue después es un relato espeluznante de cómo “trabaja” la sobre-jerarquizada sociedad japonesa: “El señor Haneda era el superior del señor Omochi, que era el superior del señor Saito, que era el superior de la señorita Mori, que era mi superiora. Y yo no era la superiora de nadie”.

En realidad no sé muy bien en calidad de qué entra a trabajar Amélie a esta empresa pero su primera función es contestar a una carta de su jefe. Todos los esfuerzos en vano porque cada vez que Amélie le presenta un borrador su superior acaba destruyéndolo. Después reparte el correo, sirve el café, cambia los días de los calendarios de sus colegas y hace fotocopias,...

Solo un buen hombre de la empresa le da, a escondidas, la oportunidad que estaba esperando pero cuando sus superiores se enteran, en especial Fubuki (la señorita Mori) entre en cólera y comienza a atribuirle los peores trabajos de que es capaz, hasta que la relega a limpiar los baños de la oficina.

Aun con esas, Amélie no dimite (en Japón dimitir debe de constituir un agravio para ambas partes) e intenta sacar el lado bueno de lo que hace hasta cumplir el año de contrato firmado. Entre todas estas peripecias, la protagonista y autora hace una radiografía de la sociedad nipona, de la jerarquía y del papel de la mujer, incluso de los suicidios en este país.

En definitiva, un libro fácil de leer, cortito y con el que, quieras que no, se establecen ciertas semejanzas con los trabajos occidentales de hoy en día: superiores mediocres, trabajadoras cualificados, trabajos repetitivos, tareas humillantes,… Para reflexionar.

Si decido quedarme, de Gayle Forman

Reseña de Patricia López Garrido.

Cotilleando en los resúmenes de lecturas de octubre de los blogs que sigo, llegué al nuevo libro de Gayle Forman, Yo estaba aquí. Después, investigando, llegué a su novela más exitosa hasta el momento, Si decido quedarme y, aunque ya sabéis qué opino de las novelas protagonizadas por adolescentes, quise saber cómo resolvía la autora el entuerto en el que metió a Mia (por cierto, que con este libro igualo el número que leí el año pasado. Y me quedan aun siete para el reto de 40 de este año).

Mia es una joven promesa del violonchelo que, por casualidad, queda en coma tras sufrir un accidente de coche con su familia (su madre, su padre y su hermano) en el que la única superviviente de los cuatro es ella.

Pero mantenerse en el mundo o morir es algo que ella debe decidir desde el estado en el que se encuentra. Para ello, recorre toda su vida recordando cómo fue su relación con sus padres, con su hermano, Teddy, con su novio, Adam, con su mejor amiga, Kim, con sus abuelos,… También revive anécdotas, rememora lugares y visualiza su futuro pero, sobre todo, relata su pasión por la música clásica, en especial, por el violonchelo.

A la vez, intercala retazos de lo que sucede en el hospital donde se encuentra ingresada en la UCI, lugar por el que pasan a visitarla y a pedirla que se quede con ellos las personas más importantes de su vida que todavía están. A pesar de su estado, ella puede oírlos y verlos, aunque no tocarlos, y sus testimonios, junto con los recuerdos, le darán la clave para decidir si se va con sus padres y con su hermano o se queda con los demás.

Como veis por el resumen, se trata de un libro duro por la temática que trata. Te hace reflexionar acerca de la instantaneidad, del segundo que todo lo cambia, de la tragedia,… pero también de la vida, de las razones que tiene cada uno para salir adelante, de la fortaleza emocional necesaria para proceder en una situación como esta… Es también una novela repleta de anécdotas, de esas que van conformando la vida poquito a poco, de las pequeñas cosas que dan sentido a los días.

La recomiendo porque, además de todo lo anterior, es fácil de leer, engancha y te hace mirar al horizonte varias veces, con la cabeza perdida… Y te obliga a pensar.

martes, 19 de abril de 2016

Medusa, de Ricardo Menéndez Salmón

Reseña escrita por Patricia López Garrido.

El fin de semana pasado celebrábamos la Feria del Libro y la Cultura de Parla, un evento que cumple ya tres años y alrededor del que nos juntamos muchos de los amantes de los libros. En cada edición, el Club de Lectura de Parla Este ha tenido un huequito para reunirse en el marco de esta Feria, pero este año ha sido especial porque, al fin, hemos puesto cara a los integrantes del resto clubes de lectura.

Y lo hicimos alrededor de una obra que me ha parecido muy especial en muchos sentidos, ya que abre un debate en torno a una faceta que toca muy de cerca a los periodistas: ¿es moral ser testigo de sucesos atroces sin hacer nada? Ahora lo veremos.

El moderador del debate, el escritor parleño Carlos Lapeña, me pidió que abriera la sesión y lo quise hacer mostrando aquello que más me había marcado del libro que, paradójicamente, no tiene que ver con el tema central que os he dicho en el párrafo anterior. Medusa, de Ricardo Menéndez Salmón, me ha transmitido mucha belleza en la forma, es decir, es un libro exquisitamente escrito, es prosa que parece verso. Además, en muchas de las páginas encuentras perlas de reflexión de esas que te hacen bajar el libro, mirar a la nada al horizonte y quedarte un rato pensando.

Pero, en realidad, la temática de esta novela es devastadora. Prohaska es un artista alemán que trabaja para el Ministerio del Reich para la Ilustración Pública y Propaganda. En el desempeño de su trabajo como fotógrafo, inmortaliza las escenas más duras y sombrías de la Alemania nazi; capta verdaderas atrocidades escondido detrás de su objetivo.

En el debate que mantuvimos los miembros de los clubes de lectura de Parla había sensaciones encontradas. Por un lado, muchos pensaban que Prohaska era tan culpable como los monstruos que cometían  verdaderas barbaridades contra los judíos mientras que otros, por el recorrido del personaje, por la forma de ser que nos relata el autor, y por otra serie de características que se narran en la novela, pensábamos que Prohaska era una persona que fue testigo de esa situación pero que también pudo serlo en otra. De hecho, dice de sí mismo en un momento del relato: “Si Alemania hubiera sido comunista, yo hubiera sido su fotógrafo. Pero mi Alemania adulta fue fascista. Y yo, que no tengo ideología, estaba allí”.

Desde luego, el libro relata la culpa y las secuelas personales que este trabajo deja en Prohaska, que un día abandona su Alemania natal para no volver y viajar por el mundo retratando el horror y la barbarie alrededor del globo. ¿Es Prohaska un voyeaur del horror, un sádico, o un testigo de la Historia y un artista que deja su legado?

Desde luego esa pregunta la tiene que responder cada lector de manera personal. En mi opinión, Prohaska hace un trabajo sucio, duro; de hecho, él, al hacerlo, sufre mucho. Pero, ¿se puede culpabilizar a alguien que retrata lo que sucede y que no hace nada? ¿Realmente no está haciendo nada?

El debate que se puede generar en torno a este tema es muy amplio y controvertido, así que os animo a participar y a dejar vuestro comentario en este post. Pero no quiero terminar sin hacer alusión a dos de las frases que, como os decía, deja huella por lo bonito de la estética de esta novela.

No existe en alemán una palabra para designar a los padres que han perdido a sus hijos […] Tampoco en español existe una palabra que designe al padre que ha perdido a su hijo, salvo lo que la Academia denomina un uso poético de la palabra huérfano. Es como si el lenguaje, ante el dolor más grande que existe en el mundo, no se atreviera a nombrarlo más que perífrasis o encubrimientos. No hay un vocablo exacto, unívoco, para designar una pena tan absoluta. El lenguaje es así de pudoroso”.

“Pero ella me enseñó esa verdad que a menudo nos obstinamos en ignorar: que a menudo son las personas que pasan, y no las que permanecen, las que juegan un papel decisivo en nuestras vidas. ¿Por qué? Precisamente porque la vida no las gastó, porque su memoria, para lo bueno y para lo malo, permanece a salvo del paso del tiempo, que todo lo ensucia”.

martes, 15 de marzo de 2016

La casa de papel, de Carlos María Domínguez

Reseña de La casa de papel, de Carlos María Domínguez, por Patricia López Garrido.

Adoro los libros que tratan de libros, de lectores, de librerías, de bibliotecas,… y esa fue una de las razones por las que di mi voto a La casa de papel, de Carlos María Domínguez, en la última sesión del Club de Lectura de Parla Este.

Una profesora de literatura de Cambridge, Bluma Lennon, muere atropellada cuando cruzaba la calle leyendo un libro de Emily Dickinson. Un colega suyo, también profesor de literatura, encargado de sustituirla, recibe unos días después, en el que fuera el despacho de su compañera, un paquete procedente de Uruguay  que contiene un ejemplar de La línea de la sombra, de Joseph Conrad. “Pero lo sorprendente era que la cubierta y la contratapa traían adherida una mugrienta costra. Los cantos de las páginas mostraban pequeñas partículas de cemento…”.

Este punto de partida es el que lleva al profesor a intentar averiguar de quién viene el  libro de  Conrad. Aprovechando un periodo de descanso y una visita a sus familiares a su tierra natal, Argentina, el profesor decide buscar en Uruguay las raíces de ese libro. Y, tirando del hilo descubre a un personaje llamado Carlos Brauer, un apasionado de los libros y de la lectura enloquecido.

Este libro es una oda a los libros, a los escritores y a las bibliotecas. Hay muchos guiños a la literatura universal y probablemente me habré perdido muchos por no saber interpretarlos. También es un tributo a los lectores y a esas pequeñas manías que tenemos cada uno de nosotros.

No es un libro del que haya disfrutado demasiado teniendo en cuenta la temática porque me parece algo abstracto y onírico, pero lo que más me ha gustado han sido, sin duda, algunas de sus reflexiones, como las siguientes:

“Insistía en que los libros afines merecían permanecer agrupados bajo otro orden que el de la vulgaridad temática”.

“Coincidió mi regreso a la actividad con la noticia de que Carlos, precisamente, iluminaba sus lecturas con cirios, ya no hacía más que alentar a los demás a imitarlos. Nunca con un autor del siglo veinte, que en ese caso encendía la luz eléctrica”.

“A lo largo de los años he visto libros destinados a equilibrar la para manca de una mesa; los conocí convertidos en mesa de luz, dispuestos en forma de torre con un paño encima; muchos diccionarios han planchado y prensado más objetos que las oportunidades en que fueron abiertos, y no pocos libros guardan, disimulados en los estantes, cartas, dinero, secretos. Las personas también cambian el destino de los libros”.

lunes, 18 de enero de 2016

Goodbye Berlín, de Wolfgang Herrndorf

Reseña de Goodbye Berlín, de Wolfgang Herrndorf, por Patricia López Garrido.

Terminé el año con dos novelas protagonizadas por adolescentes: Un final para Rachel, de Jesse Andrews, y esta: Goodbye Berlín, de Wolfgang Herrndorf. Lo mismo de siempre: un adolescente inadaptado, en este caso, el que no destaca por nada, no es guay y está al margen de las relaciones sociales no porque él quiera, sino porque no le sale, sin más.

Además de no tener amigos, su madre es alcohólica y su padre se está viendo con otra mujer, por lo que ninguno le presta la atención necesaria. Todo esto, bien mezclado y a fuego lento es el perfecto caldo de cultivo para hacer la trastada del siglo aunque, de nuevo, Maik, que así se llama el chico, lo hace sin querer.

Aburrido tras el final de las clases, solo (porque su madre está ingresada en la clínica de desintoxicación, y su padre se ha marchado de viaje con su amante) y triste (porque Tatiana, la chica que le gusta, no lo ha invitado a su cumpleaños), Maik conoce a Tschick, un compañero de clase ruso, igual de marginado que él.

Después de un par de días jugando a la videoconsola, bañándose en la piscina y haciendo  estas cosas propias de chiquillos en verano, Tschick le propone a Maik ir hasta el lugar donde se celebrará la fiesta de Tatiana para entregarle el regalo que Maik ha estado haciendo durante un tiempo: un enorme dibujo de su cantante favorita, Beyoncé.

Sin saber cómo Maik se encuentra subido en un coche viejo y destartalado marca Lada con Tschick (menor de 18 años, por cierto) rumbo a un lugar alejado de donde viven en Berlín. Llegan, entregan el dibujo y se vuelven. Pero entonces ambos se dan cuenta de que parecen ser los únicos que no están disfrutando de las vacaciones y, en otro arrebato, Tschick convence de nuevo a Maik para ir a "Valaquia".

A partir de aquí comienza un periplo estilo road trip desastroso en el que se encuentran a gente rara y viven situaciones a ratos divertidas pero poco convencionales, eso desde luego: “Tshick y yo nos marchamos por ahí con el coche. En realidad queríamos ir a Valaquia pero dimos cinco vueltas de campana después de que uno nos disparase. Después persecución policial, hospital. Más tarde me estrellé contra un camión de cerdos y se me desgarró la pantorrilla, pero en fin tampoco nos fue tan mal”.

En ciertos momentos, me aburrí un poco, aunque tanto en principio como el final de la novela me mantuvieron en vilo. Y me pasó como con tantas otras novelas de adolescentes: no acabo de conectar con ellos porque, a pesar de que entiendo cómo se sienten siendo los marginados de la clase, creo que la resolución del conflicto es demasiado para un par de chicos de 14 años. Es más, si lo que pasa en el libro fuera verdad, probablemente hubiera sido un escándalo mediático, más en verano, que ya sabemos que estamos faltos de noticias.

“Desde que era pequeño mi padre me había enseñado que el mundo es malo […] En las noticias y a todas horas: el ser humano no es bueno. Y puede que esto sea cierto en el noventa y nueve por ciento de los casos. Pero lo alucinante es que Tschick y yo solo nos encontramos con el uno por ciento restante”.